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LAS CRUZADAS. Entre el cielo y el infierno.

Posted by on 20 abril, 2011
Caballeros -Manuscrito- París, Biblioteca Nacional

Se denomina Cruzadas a las expediciones militares emprendidas entre los siglos XI y XIII por los cristianos de Occidente, con el apoyo papal, para expulsar a los turcos musulmanes del Santo Sepulcro y del reino de Jerusalén. La palabra «cruzada» proviene del distintivo que, sobre el hombro derecho, colocaban los expedicionarios a modo de distintivo: una cruz de tela roja.

Ante la amenaza que representaban los turcos, el emperador Bizantino Alejo Comneno solicitó ayuda al Papa Urbano II. Desde hacia un siglo, se desarrollaban en España verdaderas cruzadas, en las que los caballeros venían ayudando a los pequeños Estados del Norte para hacer retroceder al infiel en el curso de la reconquista de la península ibérica. Pero el impulso que provocó la llamada del Papa Urbano II, en 1095, fue mucho más considerable.

Móviles políticos y sociales se mezclaron junto al fervor religioso: las exigencias de Bizancio, amenazado por la expansión turca, la esperanza del Papa de poner fin al cisma ortodoxo y el deseo de los caballeros pobres de conquistarse feudos en Oriente. Pero la fe se convirtió en el elemento motor.

La Primera Cruzada (1095/1099) es conocida como la cruzada popular. Anticipándose a la convocatoria oficial del Papa, un monje llamado Pedro el Ermitaño convocó con su exaltada prédica a peregrinos para iniciar la marcha sobre Oriente. Después de sufrir toda clase de penurias, al pisar Asia Menor fueron exterminados por los turcos. Después del desastre de la cruzada popular, se inició la primera Cruzada oficial, o señorial: cuatro ejércitos que movilizaron mas de medio millón de hombres, se pusieron en marcha: franceses del Norte, loreneses, alemanes (Godofredo de Bouillon), franceses del Centro (Hugo de Vermandois), del Mediodía (Raimundo de Saint-Gilles), normandos de Italia (Bohemundo de Sicilia). Reunidos en Constantinopla, ganaron Dorileo (1097) y Antioquía, y tomaron Jerusalén en 1099. Los vencedores organizaron el país conquistado e implantaron el régimen feudal en el reino de Jerusalén, en los condados de Trípoli y Edesa y en el Principado de Antioquía.

Órdenes religioso-militares, Hospitalarios y Templarios, llegaron a reforzar los contingentes feudales. En 1144, los musulmanes recuperaron Edesa. San Bernardo (Abad de Claraval, Francia) predicó la Segunda Cruzada, dirigida por el rey de Francia Luis VII y el Emperador Conrado III (1147/1149) que resultó un fracaso, pues la numerosa expedición fue vencida por los turcos y diezmada por el hambre y las pestes.

La situación se agravó en Tierra Santa cuando el Sultán turco Saladino, dueño de Egipto, recuperó Jerusalén (1187). El Papa Clemente III predicó entonces la Tercera Cruzada. El emperador Federico Barbarroja se abogó en Asia Menor (1190) y sus caballeros se volvieron atrás. El rey de Francia, Felipe Augusto y el rey de Inglaterra, Ricardo Corazón de León, partieron por mar; tomó éste la isla de Chipre y reconquistaron ambos San Juan de Acre (1191). Pero el egoísmo nacional y político se impuso a los deberes religiosos. Felipe Augusto volvió a su reino y comenzó a intrigar contra su rival. Ricardo no pudo recuperar Jerusalén y concertó una tregua con Saladino. A finales del siglo XII, los caballeros cruzados no tenían más que los puertos de la costa: Tiro, Sidón, Antioquía, San Juan de Acre, donde los mercaderes italianos de Pisa, Génova o Venecia se entregaban a un activo y fructífero comercio.

El impulso inicial se quebró, y las expediciones del siglo XIII no estuvieron animadas del mismo espíritu.

Fue el gran Papa Inocencio III quien predicó, en 1198, la Cuarta Cruzada, destinada a reconquistar Jerusalén. Los soberanos tenían otras preocupaciones; sólo respondieron a la llamada barones aventureros y ambiciosos como Bonifacio de Monferrato o Balduino de Flandes. Venecia entró en escena, comprometiéndose a transportar a los cruzados, si éstos le ayudaban a tomar la ciudad de Zara, en el Adriático (1202). Por otra parte, un emperador bizantino, depuesto por su rival, propuso a los cruzados para ayudarles a poner fin al cisma ortodoxo, si se le restablecía en el trono. El viejo dux Dándolo vió ahí una ocasión magnífica de acaparar el comercio del imperio de Oriente. Los cruzados restablecieron al emperador Isaac II (1203) pero estalló una revuelta contra estos brutales protectores. La ciudad fue tomada por segunda vez y vergonzosamente saqueada (1204).

Los vencedores ya no pensaban en los Santos Lugares, limitándose a repartirse el botín. Para Venecia fueron los puertos, las islas, las franquicias comerciales. Para Balduino de Flandes, el Imperio de Bizancio, mientras los demás señores se repartieron Grecia. El Imperio latino tendría una existencia difícil; atacado por los búlgaros y los griegos, refugiados alrededor de Nicea, desapareció en 1621. Venecia quedó como la gran beneficiaria de la operación, y la Iglesia de San Marcos se enriqueció con los tesoros de Constantinopla. La Santa Misión degeneró en una guerra de conquista y de saqueo.

Una Quinta Cruzada dirigida contra Egipto, centro del poderío musulmán, fracasó (1218/1221). Gregorio IX excomulgó al emperador Federico II, al tardar éste en cumplir su promesa de participar en la Cruzada, que quedó al mando del rey de Hungría, Andrés II. Logró la rendición de la ciudad de Damieta, pero no cumplió con los demás objetivos.

San Luis embarcado para las cruzadas. Detalle de una miniatura. París, Biblioteca Nacional

Federico II, al fin, partió (Sexta Cruzada, 1228/1229), pero, en lugar de luchar, negoció con los musulmanes una tregua de 10 años, durante la cual los cristianos tuvieron libre acceso al Santo Sepulcro. El Papa no aceptó el convenio.

El rey de Francia, San Luis, tomó el mando de las dos últimas cruzadas. Fracasado en Egipto (1249), partió nuevamente en 1270, pero se detuvo en Túnez, donde la peste asoló a su ejército, muriendo él mismo de la terrible enfermedad. La era de las grandes expediciones terminó, y Occidente, pronto desgarrado por graves crisis, quedó paralizado.

Aunque políticamente fracasadas, las Cruzadas tuvieron importantes consecuencias económicas y culturales; las relaciones comerciales entre Occidente y Oriente se multiplicaron, y nuevos productos aparecieron en Europa. Las ciudades mercantiles de Italia comenzaron su desarrollo, que acabaría en el gran período del siglo XV. En España, la Reconquista continuó victoriosa y, a mediados del siglo XIII, los musulmanes sólo conservaban el reino de Granada.

Resumido y adaptado de: Atlas Histórico y síntesis cronológica, Codex, Madrid, 1965, Tomo I, Imágenes: pág. 140 y 145.

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